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ORGANIZACION INTERNACIONAL DEL TRABAJO

R101 Recomendación sobre la formación profesional (agricultura), 1956

Recomendación sobre la formación profesional en la agricultura
RECOMENDACION:R101
Lugar:Ginebra
Sesion de la Conferencia:39
Fecha de adopción:26:06:1956
Sujeto: Orientación y formación profesionales
Estatus: Instrumento reemplazado

La Conferencia General de la Organización Internacional del Trabajo:

Convocada en Ginebra por el Consejo de Administración de la Oficina Internacional del Trabajo, y congregada en dicha ciudad el 6 junio 1956 en su trigé sima novena reunión;

Despué s de haber decidido adoptar diversas proposiciones relativas a la reglamentación de la formación profesional en la agricultura, cuestión que constituye el cuarto punto del orden del dí a de la reunión, y

Despué s de haber decidido que dichas proposiciones revistan la forma de una recomendación,

adopta, con fecha veintisé is de junio de mil novecientos cincuenta y seis, la siguiente Recomendación, que podrá ser citada como la Recomendación sobre la formación profesional (agricultura), 1956:

Considerando que la Conferencia Internacional del Trabajo adoptó en su tercera reunión la Recomendación sobre la enseñanza té cnica (agricultura), 1921, en la que se solicitaba de cada Miembro que se esforzara por desarrollar la enseñanza té cnica agrí cola y por poner a los asalariados agrí colas en situación de poder beneficiarse de dicha enseñanza en las mismas condiciones que cualesquiera otras personas empleadas en la agricultura;

Considerando que la Conferencia Internacional del Trabajo ha examinado con todo detenimiento la cuestión de la formación profesional en general y ha adoptado en particular la Recomendación sobre la formación profesional, 1939, y la Recomendación sobre la formación profesional (adultos), 1950;

Considerando que la Comisión Permanente Agrí cola de la Organización Internacional del Trabajo ha estudiado los aspectos especiales de la formación profesional en la agricultura y ha formulado proposiciones relativas a esta cuestión, y

Considerando que los Miembros deberí an establecer o ampliar sistemas adecuados de formación profesional en la agricultura,

La Conferencia recomienda a cada Miembro que aplique las disposiciones siguientes tan pronto como lo permitan las condiciones nacionales y que informe a la Oficina Internacional del Trabajo, segú n lo que decida el Consejo de Administración, acerca de las medidas dictadas para ponerlas en prá ctica:

I. Principios y Objetivos de la Formación

1. En cada paí s, los poderes pú blicos, otros organismos apropiados, o unos y otros conjuntamente, deberí an velar por que la formación profesional en la agricultura sea organizada mediante un programa eficaz, racional, sistemá tico y coordinado.

2.

1) Los objetivos de la formación profesional en la agricultura deberí an ser claramente formulados en cada paí s, haciendo resaltar especialmente la necesidad de:

a) inculcar en hombres y mujeres pertenecientes a las diferentes categorí as de la población rural (trabajadores no calificados, semicalificados y calificados, administradores, agricultores y amas de casa) las aptitudes y conocimientos necesarios para el ejercicio de su profesión y el sentido de la importancia social del trabajo que efectú an, y valorizar la profesión agrí cola ante el pú blico en general;

b) utilizar má s eficazmente la tierra y los demá s recursos naturales, la mano de obra y el capital en la agricultura;

c) conservar el suelo y los demá s recursos naturales esenciales para la agricultura;

d) aumentar la eficacia del trabajo, la producción y el rendimiento agrí colas, mejorar la calidad, la preparación de los productos agrí colas y, si ha lugar, su transformación en la explotación agrí cola, para facilitar su salida al mercado, y, en particular, para mejorar el nivel de la alimentación; e) mejorar los ingresos, el nivel de vida, las oportunidades de empleo y ascenso y las condiciones de trabajo en la agricultura, a fin de contribuir a remediar el desequilibrio que existe a este respecto entre la agricultura y las demá s ocupaciones;

f) desarrollar la mecanización cuando esto se considere apropiado, fomentar la seguridad en el trabajo agrí cola y hacer las tareas agrí colas menos penosas, sobre todo para las mujeres y niños;

g) equilibrar ponderadamente, en materia de empleo, la agricultura y las demá s ramas de la actividad económica;

h) proporcionar orientación profesional adecuada a los jóvenes de las regiones rurales:

i) estimular, cuando se considere apropiado, el ingreso de un nú mero suficiente de jóvenes en las diferentes ramas de la agricultura;

j) resolver los problemas de desempleo y subempleo estacionales en la agricultura;

k) extender cada vez má s la aplicación prá ctica de los nuevos progresos té cnicos logrados en beneficio de la producción agrí cola; y

l) mejorar las condiciones de vida rural en general a fin de que el trabajo agrí cola produzca mayor satisfacción.

2) Para lograr estos objetivos, la formación que se imparta a los alumnos deberí a inculcarles té cnicas y mé todos de trabajo adecuados, desarrollar su capacidad de juicio y, cuando sea apropiado, enseñarles la organización de las labores agrí colas y los principios y prá cticas de la administración rural. Dicha instrucción deberí a adaptarse progresivamente a la capacidad de la población agrí cola para asimilar la enseñanza, capacidad que ha de determinarse, entre otros factores, por el grado de desarrollo socioeconómico, de manera que, finalmente, la población rural pueda recibir, en la medida de lo posible, educación y formación equivalentes -- en calidad, si no en detalle -- a las que se imparten a la población urbana.

II. Campo de Aplicación de la Formación

3.

1) El programa de formación profesional en la agricultura deberí a abarcar a toda la población agrí cola, sin distinción de raza, religión, nacionalidad o sexo, y cualquiera que sea su relación jurí dica con la tierra, a saber, los agricultores y trabajadores agrí colas y las personas que piensan dedicarse a la agricultura, comprendidos los trabajadores de temporada y las mujeres, así como los trabajadores empleados en ocupaciones estrechamente relacionadas con la agricultura.

2) Cuando sea necesario, el programa podrí a limitarse, en su etapa inicial y en los paí ses insuficientemente desarrollados, a las personas con quienes se pueda establecer contacto para instruirlas con mayor eficacia con el personal disponible, y a las regiones y categorí as de personas respecto de las cuales la necesidad de instrucción sea mayor y los resultados que se puedan producir mediante la formación sean má s amplios.

3) En las regiones insuficientemente desarrolladas, donde sean escasos los medios de formación, una de las primeras medidas que habrí an de adoptarse deberí a ser la creación de un cuerpo de profesores e instructores calificados, animados de un espí ritu de comprensión y simpatí a hacia el medio agrí cola y que en lo posible tengan experiencia personal de la vida y trabajo agrí colas.

4) Aun cuando no se pueda disponer de tales maestros e instructores, deberí a concederse toda la asistencia posible al desarrollo de medios de formación en explotaciones agrí colas o en propiedades donde los encargados de la explotación esté n adecuadamente calificados para impartir instrucción prá ctica.

4.

1) En los paí ses insuficientemente desarrollados se deberí a dar prioridad a los programas destinados a eliminar el analfabetismo. La formación profesional deberí a, en general, ir precedida o acompañada de instrucción general que abarque el estudio de las materias bá sicas, segú n normas admitidas en el paí s interesado. Cuando la formación profesional se imparta en la escuela, no sólo deberí a ir precedida sino tambié n ir acompañada de instrucción general.

2) Cuando fuere posible, los programas de formación profesional en la agricultura deberí an incluir enseñanza de cuestiones conexas de cará cter general, tales como estudios sociales de cará cter rural.

5. Al determinar el contenido del programa de formación, deberí an tenerse especialmente en cuenta:

a) las personas que han de formarse y el grado de calificación profesional que deberí a alcanzarse mediante la formación;

b) la estructura agraria, el grado de desarrollo alcanzado en la agricultura y el tipo de producción agrí cola;

c) las tendencias del mercado del empleo rural y el grado de movilidad de la mano de obra, así como la extensión en que esta movilidad es necesaria;

d) la vida social, usos, costumbres y aspiraciones de las colectividades agrí colas;

e) los aspectos pertinentes de la polí tica nacional en sus lí neas generales.

6.

1) Cuando sea posible y apropiado, la formación profesional impartida a la población agrí cola deberí a comprender enseñanzas suplementarias relacionadas particularmente con la fabricación y reparación de herramientas agrí colas, la conservación y la reparación elemental de maquinaria agrí cola, la transformación de productos agrí colas y la construcción y conservación de edificios rurales.

2) En las regiones donde haya subempleo o pueda producirse, deberí a considerarse, cuando sea posible y conveniente, la organización de cursos sobre oficios rurales y de otra clase, a fin de prever posibilidades de empleo complementario o diferente para personas de uno u otro sexo.

III. Mé todos de Formación

Formación profesional

7. Se deberí an tomar medidas apropiadas para alcanzar un nivel igual de instrucción en las regiones urbanas y rurales, y establecer una base esa instrucción. Los mé todos pedagógicos y, si fuere conveniente, los planes de estudio de las escuelas primarias rurales deberí an tener en cuenta las necesidades de las regiones rurales y del medio ambiente en que viven los niños de dichas regiones.

8. A fin de que la instrucción general tenga bases sólidas y amplias, se inculque a los alumnos una mejor comprensión de la naturaleza y se desarrollen su habilidad manual y sus dotes de observación, la instrucción teórica impartida en las escuelas primarias deberí a completarse, cuando sea posible, mediante enseñanzas prá cticas que formen parte del programa escolar, y que comprendan trabajos en jardines escolares y cursos sobre oficios a domicilio. Esa instrucción prá ctica no deberí a dificultar los cursos y la extensión de la enseñanza general.

9. En las colectividades rurales situadas en regiones insuficientemente desarrolladas deberí an emplearse sistemas de educación fundamental con objeto de inculcar, mediante un programa coordinado, conocimientos sobre las mejores té cnicas relacionadas con la agricultura y sobre materias tales como industrias rurales, salubridad, higiene y regí menes alimentarios, puericultura, conservación de alimentos, vivienda, organización de poblaciones rurales y medios de comunicación. Deberí a tenerse especial cuidado en impartir una formación profesional conveniente a los sectores má s dé biles de la población agrí cola en los paí ses insuficientemente desarrollados que practican mé todos agrí colas primitivos y que tienen un nivel de vida muy bajo, en particular en las tribus.

Instrucción agrí cola en las escuelas de enseñanza secundaria

10.

1) Cuando sea apropiado y cuando no se prevea formación agrí cola de cará ct especí ficamente profesional, la instrucción agrí cola que se imparta deberí a ser de cará cter general. En las regiones rurales, esta instrucción deberí a adaptarse a las condiciones nacionales y locales. Cuando no se imparta instrucción agrí cola alguna, deberí a procurarse la introducción progresiva de dicha instrucción en los planes de estudio de las escuelas secundarias rurales. Esta instrucción no deberí a dificultar los cursos y la extensión de la enseñanza general.

2) En lo posible, esta instrucción deberí a completarse con trabajos prá cticos en granjas escolares, en granjas experimentales o en otros tipos de granjas, teniendo en cuenta que este trabajo se limitará a las necesidades de la enseñanza.

Escuelas té cnicas de agricultura

11. Deberí an preverse escuelas té cnicas de agricultura donde se imparta formación de duración suficiente sobre labores agrí colas, producción y transformación de productos agrí colas, mé todos de explotación y de administración agrí cola, así como tambié n sobre las ramas apropiadas.

12. En las etapas má s avanzadas de desarrollo de un programa de formación deberí an preverse:

a) escuelas o secciones escolares especiales a las que tendrí an acceso personas de uno y otro sexo y en las que la enseñanza versarí a sobre ciertas ramas de la agricultura;

b) escuelas o secciones escolares especiales a las que tendrí an acceso personas de uno y otro sexo, cuyo objeto serí a formar categorí as especiales de trabajadores agrí colas o enseñar ciertos conocimientos especiales necesarios para la agricultura;

c) escuelas o secciones escolares especiales de economí a domé stica rural.

13. Cuando sea posible y apropiado, las escuelas té cnicas de agricultura deberí an disponer de granjas a fin de adaptar la enseñanza a las labores agrí colas e impartir a los alumnos la formación prá ctica necesaria. Cuando esto no sea posible o cuando sea conveniente completar esta formación, deberí an preverse medidas que permitan impartir la formación prá ctica necesaria en explotaciones agrí colas o en centros experimentales apropiados, entendié ndose que tal enseñanza deberí a limitarse a lo necesario para la instrucción de los alumnos.

14. Al crear escuelas té cnicas agrí colas se deberí an tener en cuenta:

a) particularmente en los paí ses donde existan grandes explotaciones agrí colas y reducida densidad de población, las ventajas que puede procurar la admisión de alumnos internos y medio pensionistas en dichas escuelas;

b) en las colectividades donde el nivel de instrucción sea suficientemente elevado, la organización de cursos por correspondencia y el uso de la radiodifusión para los trabajadores agrí colas de regiones aisladas, junto, cuando sea posible, con cursos complementarios en escuelas con ré gimen de internado;

c) la utilización de medios audiovisuales.

Cursos de breve duración

15.

1) Los cursos de breve duración, los cursos estacionales, los cursos nocturnos y los cursos ambulantes deberí an considerarse como especialmente convenientes:

a) para alentar a los hijos e hijas de pequeños agricultores y de trabajadores agrí colas empleados en explotaciones a que perfeccionen sus conocimientos profesionales y generales;

b) para enseñar a los especialistas o a los agricultores y a los trabajadores agrí colas té cnicas perfeccionadas o recientemente descubiertas;

c) para enseñar a categorí as particulares de trabajadores mé todos y té cnicas especiales relacionados con determinados cultivos, el cuidado y la alimentación del ganado, la conservación y uso de herramientas o má quinas, la conservación general de la explotación y la lucha contra las enfermedades y animales dañinos a la agricultura.

2) Dichos cursos deberí an organizarse en é pocas que se adapten a las necesidades locales y no deberí an reemplazar a los cursos de má s larga duración cuando la organización de é stos sea posible y oportuna.

Formación en la explotación agrí cola

16.

1) Cuando sea necesario y oportuno, los poderes pú blicos, otros organismos apropiados, o unos y otros conjuntamente, deberí an organizar la colocación de los educandos en explotaciones agrí colas escogidas, particularmente para completar la formación de futuros agricultores, sobre todo en aquellas regiones donde el nivel de las té cnicas agrí colas sea relativamente elevado. Dicha formación deberí a ir precedida normalmente de instrucción general adecuada y estar en relación con el tipo de explotación agrí cola caracterí stica de una región: aldea, gran propiedad o plantación, granja cooperativa, colonia agrí cola, pequeña o mediana explotación.

2) La explotación agrí cola en que se imparta la formación deberí a ser representativa y seleccionada cuidadosamente, teniendo en cuenta la posibilidad de utilizar para ese fin una explotación agrí cola que no sea aquella en que habita el interesado. La formación en explotaciones agrí colas deberí a ser completada, cuando sea posible, con instrucción teórica.

Servicios de vulgarización

17.

1) Deberí an crearse servicios de vulgarización y ampliarse, en la medida que permita el grado de desarrollo de cada paí s, a fin de que los agricultores puedan beneficiarse prá cticamente de los resultados de las investigaciones cientí ficas y de que sus problemas té cnicos sean sometidos para su solución a los servicios interesados.

2) Se deberí a alentar a los agricultores y a las organizaciones agrí colas, incluidas las de empleadores y las de trabajadores, a que realicen sus propios programas de vulgarización, debiendo, en todo caso, estar asociados a la realización y utilización de programas oficiales y a otras iniciativas semejantes de cará cter educativo.

18. Considerando que en los paí ses insuficientemente desarrollados es conveniente establecer programas sencillos y prá cticos de formación profesional, cuyos objetivos, tanto en cuanto a las materias enseñadas como a la región en que se apliquen, puedan ampliarse, deberí a reconocerse que los programas de vulgarización pueden desempeñar un papel particularmente importante en la extensión de dicho programa de formación y en la realización de planes de fomento agrí cola.

19. Los servicios de vulgarización deberí an contribuir, cuando fuere apropiado, junto con otros organismos interesados, al establecimiento de programas para la juventud, a la organización de clubes agrí colas para jóvenes y a la realización de programas de fomento en beneficio de los hogares y de las comunidades rurales.

Aprendizaje

20.

1) Cuando la agricultura esté convenientemente organizada y cuando las prá cticas agrí colas lo justifiquen, se deberí a examinar la posibilidad de establecer programas de aprendizaje.

2) Estos programas deberí an prepararse teniendo en cuenta particularmente las necesidades de ciertas ramas de la agricultura y de determinadas regiones y categorí as de trabajadores y realizarse en centros con ré gimen de internado o en explotaciones agrí colas para las cuales se haya comprobado que sus encargados o instructores reú nen las calificaciones y aptitudes deseadas.

3) La autoridad o las autoridades competentes deberí an aprobar las disposiciones que se adopten relativas a la instrucción en la rama de la agricultura a que se destine el aprendiz, a la limitación de las tareas asignables al aprendiz a los trabajos que sean ú tiles para su formación, al suministro del material necesario y a toda obligación que se imponga al aprendiz de seguir los cursos en las escuelas de formación que impartan instrucción general y enseñanza té cnica.

4) Las medidas indicadas en los apartados anteriores deberí an adoptarse por medio de disposiciones legislativas o reglamentarias, por resolución de los organismos pú blicos encargados del control del aprendizaje, por contratos colectivos, por una combinación de estos diversos mé todos o, en su defecto, por otros mé todos apropiados.

21. Las organizaciones representativas de empleadores y de trabajadores, donde existieren, deberí an estar estrechamente asociadas, en pie de completa igualdad, a la preparación, aplicación en la prá ctica y control de los programas de aprendizaje.

22.

1) Deberí an tener acceso al aprendizaje los candidatos suficientemente calificados que hayan manifestado un interé s evidente en dedicarse a la agricultura y que hayan terminado o terminen la enseñanza obligatoria.

2) La admisión al aprendizaje y los programas de aprendizaje deberí an ser controlados por el organismo encargado por la legislación o en otra forma de cuestiones de trabajo, de agricultura o de enseñanza que se considere má s apropiado en razón de las condiciones existentes en cada paí s.

3) Al determinar el nú mero de jóvenes agricultores que hayan de ser colocados como aprendices, se deberí a tener en cuenta el nú mero de trabajadores adultos experimentados que ya trabajen en la explotación agrí cola, en interé s tanto de los aprendices como de los trabajadores adultos.

4) Al finalizar satisfactoriamente el perí odo de aprendizaje, el aprendiz deberí a ser considerado como trabajador calificado y recibir, a estos efectos, un certificado del organismo competente.

23.

1) Las condiciones de empleo de los aprendices, ya sean establecidas por contrato entre las dos partes, por contrato colectivo, por la legislación, o en otra forma, deberí an prever claramente los deberes respectivos del maestro y del aprendiz, la duración del aprendizaje, el nivel de conocimientos y calificaciones que debe adquirir el aprendiz para poder llevar a cabo los trabajos agrí colas de acuerdo con normas satisfactorias, así como cualquier obligación que se pueda imponer al aprendiz de frecuentar escuelas de formación que impartan instrucción general y té cnica. Dichas disposiciones deberí an tambié n prever que las obligaciones del aprendiz se limiten a las que requiere su formación y que cualquier conflicto que se suscite ha de ser sometido al organismo competente para su solución.

2) Las tasas mí nimas de remuneración, el aumento de salarios, las horas de trabajo, las vacaciones, los alimentos y el alojamiento, el seguro, las prestaciones de enfermedad y la indemnización por accidentes del trabajo deberí an determinarse, en lo que se refiere a los aprendices, por la legislación, por reglamentos administrativos, por laudos arbitrales, por contratos colectivos o por decisiones de organismos especiales encargados de estas funciones.

3) Las organizaciones representativas de empleadores y de trabajadores, donde existieren, deberí an estar asociadas en pie de completa igualdad respecto de la preparación, aplicación y control de las condiciones de empleo de los aprendices.

24.

1) En las formas menos desarrolladas del aprendizaje deberí a efectuarse una evaluación de los progresos logrados que indique los trabajos realizados, la duración del aprendizaje y el nivel de calificaciones alcanzado, tanto en general como en distintos tipos de trabajo; esta evaluación deberí a ser completada, cuando sea conveniente, con pruebas prá cticas.

2) En las formas superiores de aprendizaje, cuando el programa haya alcanzado mayor desarrollo, el organismo competente deberí a comprobar si el aprendiz ha terminado satisfactoriamente su aprendizaje. A este respecto, deberí a considerarse la posibilidad de que se combinen pruebas prá cticas y teóricas relacionadas con la agricultura en general y con la rama especial de agricultura a que aspire el aprendiz.

Formación de personal docente y de dirigentes de servicios rurales

25.

1) En todo programa de formación profesional en la agricultura deberí a preverse, como cuestión de primordial importancia, la formación del personal docente y del personal de los servicios relativos a la agricultura y ocupaciones subsidiarias. Este personal, de ser posible, deberí a tener experiencia propia de la vida y los trabajos agrí colas.

2) Esta formación deberí a acelerarse, cuando sea necesario, mediante mé todos tales como:

a) la creación de escuelas de formación de tipos apropiados;

b) la creación de centros de fomento rural y de centros de demostración y de formación;

c) la organización de breves cursos especiales de formación para los estudiantes graduados en instituciones agrí colas superiores. Tales cursos deberí an versar, cuando sea necesario, sobre problemas de pedagogí a y de administración, así como sobre materias té cnicas, con objeto de preparar mejor a quienes sigan esos cursos para una enseñanza profesional adaptada a las necesidades de la agricultura y que tenga en cuenta las té cnicas modernas.

26. En las escuelas superiores, los profesores de agricultura y las demá s personas encargadas de la enseñanza deberí an:

a) tener preferentemente formación universitaria o equivalente;

b) ser ayudados y estimulados para mantener sus conocimientos al dí a mediante cursos de repaso y estudios realizados durante vacaciones especiales.

Material de enseñanza

27. El material de enseñanza empleado en los programas de formación profesional deberí a prepararse basá ndose en los resultados obtenidos por las instituciones de investigación y en otras informaciones cientí ficas; deberí a ponerse a disposición de profesores y alumnos, en forma constante, sistemá tica y ordenada, la documentación apropiada.

28.

1) La enseñanza de las materias relacionadas con la agricultura deberí a impartirse teniendo particularmente en cuenta las condiciones y problemas regionales y locales; el material de enseñanza deberí a seleccionarse teniendo en cuenta la estructura económica de las regiones donde vayan a trabajar los alumnos.

2) Cuando dicho material provenga de otros paí ses o regiones, deberí a adaptarse convenientemente a las necesidades locales.

29. Especialmente en las etapas iniciales de la formación profesional, y en caso de que exista un grupo de paí ses con caracterí sticas y problemas comunes, deberí a considerarse la posibilidad de establecer materiales de enseñanza uniformes para dicho grupo de paí ses por medio de consultas directas entre ellos. En todo caso, deberí a alentarse el libre intercambio de materiales de enseñanza.

30. Los medios audiovisuales, aunque no deberí an reemplazar a los otros medios y mé todos de enseñanza, deberí an, sobre todo en las comunidades donde exista un alto grado de analfabetismo, ocupar un lugar destacado en los programas de formación. Se deberí an tener en cuenta las ventajas de las proyecciones y de las diapositivas.

IV. Organizaciones Agrí colas y Otras Organizaciones Interesadas

31. Las organizaciones de agricultores y de trabajadores agrí colas (comprendidos los sindicatos), las agrupaciones femeninas y de juventudes rurales, así como otras organizaciones interesadas, tales como las sociedades cooperativas, deberí an desempeñar un papel importante en todas las fases de la formación profesional en la agricultura y deberí a alentá rselas por todos los medios para que participen activamente en el perfeccionamiento de dicha formación.

V. Acción en el á mbito nacional

32.

1) La responsabilidad de los programas de formación deberí a confiarse a la autoridad o autoridades capaces de obtener los mejores resultados. Cuando esta responsabilidad se confí e a varias autoridades conjuntamente, deberí an tomarse medidas para garantizar la coordinación en la ejecución del programa de formación profesional. Las autoridades locales deberí an colaborar en el desarrollo de estos programas. Deberí a mantenerse estrecha colaboración con las organizaciones de empleadores y de trabajadores agrí colas y con las demá s organizaciones interesadas, donde existieren.

2) Deberí a estimularse la coordinación entre los programas de enseñanza privada y los de enseñanza pú blica, de modo que:

a) los alumnos puedan pasar sin dificultad de un grado a otro superior;

b) en el programa de conjunto se atiendan debidamente las necesidades de las diferentes regiones o de ramas particulares de la profesión, a reserva de que se mantenga la uniformidad conveniente en los programas de formación;

c) las instituciones de investigación agrí cola, los servicios de vulgarización y todas las instituciones de formación de la agricultura trabajen en estrecha colaboración.

33.

1) Los organismos competentes deberí an establecer progresivamente las normas generales -- que podrí an variar de una región a otra, segú n las necesidades -- relativas a cuestiones tales como: las condiciones de admisión a la formación profesional en las diferentes ramas de la agricultura; la duración de la formación y de los cursos; el material pedagógico y los libros de texto; las calificaciones del personal docente, así como su remuneración y sus condiciones de trabajo; el nú mero de alumnos en las clases y los planes de estudios; los requisitos para los exá menes, y las condiciones conforme a las cuales podrí a considerarse terminada la formación. Se deberí an tomar las medidas apropiadas para consultar a las organizaciones representativas de agricultores y trabajadores agrí colas, y demá s organizaciones interesadas, donde existieren, en la elaboración de estas normas.

2) En todas las etapas de la formación deberí a alentarse el esfuerzo de los particulares para elaborar y administrar programas de formación, y la aplicación de las normas deberí a confiarse a instituciones de formación profesional autorizadas, debidamente controladas, cuando sea necesario, por los organismos apropiados.

34. Si bien en muchos casos pueden ser necesarias las contribuciones financieras locales para la realización de los programas de formación, las autoridades pú blicas, en la medida en que lo consideren apropiado y necesario, deberí an contribuir a la realización de los programas pú blicos y privados de formación profesional por algunos de los medios siguientes: prestando ayuda financiera; suministrando tierras, edificios, medios de transporte, material de enseñanza y equipos; participando en los gastos de pensión o en la remuneración de los alumnos durante el perí odo de su formación mediante la concesión de becas o por otros medios, y mediante el ingreso gratuito en las escuelas agrí colas con ré gimen de internado de los alumnos debidamente calificados y, especialmente, de los que no pueden pagar el costo de la formación.

35.

1) Los poderes pú blicos, otros organismos apropiados, o unos y otros conjuntamente, deberí an velar por que el programa de formación profesional se coordine con otras medidas adoptadas por los poderes pú blicos relativas a la agricultura; en particular, deberí an cerciorarse de que los programas de formación se elaboren teniendo en cuenta las posibilidades duraderas de empleo y de instalación a largo plazo que se presenten a los futuros trabajadores agrí colas, con respecto, principalmente, a las tierras disponibles, al cré dito agrí cola y a los mercados.

2) Los poderes pú blicos, otros organismos apropiados, o unos y otros conjuntamente, deberí an tomar todas las medidas prá cticas necesarias para facilitar la colocación de las personas que terminen su formación profesional, ayudá ndolas a conseguir explotaciones agrí colas adecuadas o empleo agrí cola que corresponda a su formación y a sus calificaciones.

36. Los poderes pú blicos, otros organismos apropiados, o unos y otros conjuntamente, deberí an elaborar mé todos que permitan evaluar la eficacia de los programas de formación en relación, por ejemplo, con la elevación del nivel de vida en la agricultura, el aumento de la producción y la consecución de los objetivos determinados en el pá rrafo 2; asimismo, deberí an evaluar frecuentemente los progresos logrados.

VI. Acción en el á mbito internacional

37.

1) Cuando sea posible, especialmente entre paí ses donde las condiciones de la agricultura son similares, se deberí an estimular los intercambios internacionales de agricultores, de trabajadores agrí colas, de jóvenes agricultores, de personal docente, de personas que se dedican a investigaciones cientí ficas y de expertos, así como de publicaciones cientí ficas agrí colas.

2) Cuando sea apropiado, deberí a favorecerse el desarrollo de centros internacionales de investigación, de vulgarización y de formación profesional en la agricultura, así como tambié n la celebración de reuniones internacionales de las personas que trabajan en investigaciones cientí ficas de cará cter agrí cola, los agentes de vulgarización y el personal docente de las escuelas agrí colas.

Cross references

RECOMENDACIONES:R015 Recomendación sobre la inspección del trabajo (servicios de higiene), 1921
RECOMENDACIONES:R057 Recomendación sobre la formación profesional, 1939
RECOMENDACIONES:R088 Recomendación sobre la formación profesional (adultos), 1950


Fuente: Organización Internacional del Trabajo








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