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NORMAS INTERNACIONALES DEL TRABAJO

R69 Recomendación sobre la asistencia mé dica, 1944

Recomendación sobre la asistencia mé dica

RECOMENDACION:R069
Lugar:Filadelfia
Sesion de la Conferencia:26
Fecha de adopción:12:05:1944
Sujeto: Seguridad social

Estatus: Otro instrumento

La Conferencia General de la Organización Internacional del Trabajo:

Convocada en Filadelfia por el Consejo de Administración de la Oficina Internacional del Trabajo, y congregada en dicha ciudad el 20 abril 1944 en su vigé sima sexta reunión;

Despué s de haber decidido adoptar diversas proposiciones relativas a la asistencia mé dica, cuestión que está comprendida en el cuarto punto del orden del dí a de la reunión, y

Despué s de haber decidido que dichas proposiciones revistan la forma de una recomendación,

adopta, con fecha doce de mayo de mil novecientos cuarenta y cuatro, la siguiente Recomendación, que podrá ser citada como la Recomendación sobre la asistencia mé dica, 1944:

Considerando que la Carta del Atlá ntico prevé la má s completa colaboración entre todas las naciones en el campo económico, con el objeto de asegurar, para todos, mejores condiciones de trabajo, progreso económico y seguridad social;

Considerando que la Conferencia de la Organización Internacional del Trabajo, por resolución adoptada el 5 de noviembre de 1941, se solidarizó con este principio de la Carta del Atlá ntico y prometió la plena colaboración de la Organización Internacional del Trabajo para su realización;

Considerando que la posibilidad de disfrutar de asistencia mé dica adecuada constituye un elemento esencial en la seguridad social;

Considerando que la Organización Internacional del Trabajo ha promovido el desarrollo de los servicios mé dicos:

mediante la inclusión de prescripciones relativas a la asistencia mé dica en el Convenio sobre la indemnización por accidentes del trabajo, 1925, y en los Convenios sobre seguro de enfermedad (industria) y seguro de enfermedad (agricultura), 1927;

mediante la comunicación por el Consejo de Administración a los Miembros de la Organización de las conclusiones de las reuniones de expertos relativas al seguro de enfermedad y a la sanidad pú blica en perí odos de crisis económica, a la administración económica de las prestaciones mé dicas y farmacé uticas del seguro de enfermedad, y a los principios para la acción preventiva y curativa del seguro de invalidez, vejez, viudedad, orfandad;

mediante la aprobación, por la primera y la segunda Conferencia del Trabajo de los Estados de Amé rica Miembros de la Organización Internacional del Trabajo, de las resoluciones que constituyen el Código Interamericano de Seguros Sociales; la participación de una delegación del Consejo de Administración en la primera Conferencia Interamericana de Seguridad Social, que adoptó la Declaración de Santiago de Chile, y la aprobación, por el consejo de Administración, de los Estatutos de Conferencia Interamericana de Seguridad Social, que ha sido establecida como organismo permanente de cooperación entre las administraciones e instituciones de seguridad social y actú a de concierto con la Oficina Internacional del Trabajo, y

mediante la participación de la Oficina Internacional del Trabajo, como organismo consultor, en la elaboración de sistemas de seguridad social, en diversos paí ses, y a travé s de otras medidas;

Considerando que algunos Miembros no han tomado las medidas que son de su competencia para mejorar la salud de sus pueblos, mediante la extensión de facilidades mé dicas, el desarrollo de programas de sanidad pú blica, la divulgación de la enseñanza sanitaria y el mejoramiento de la nutrición y la vivienda, no obstante la urgente necesidad de actuar en este sentido y la conveniencia de que tales Miembros adopten, tan pronto sea posible, todas las medidas necesarias para alcanzar las normas mí nimas internacionales y desarrolladas;

Considerando que, en la actualidad, es conveniente adoptar nuevas medidas para el mejoramiento y unificación de los servicios mé dicos, su extensión a todos los trabajadores y sus familias, incluyendo las poblaciones rurales y los trabajadores independientes, y la eliminación de injustas anomalí as, sin perjuicio del derecho de cualquier beneficiario del servicio de asistencia mé dica a procurarse privadamente asistencia mé dica sufragando é l mismo los gastos que ello entrañare;

Considerando que contribuirí a a estos efectos la formulación de ciertos principios generales, que deberí an servir de pauta a los Miembros de la Organización cuando desarrollen, con este á nimo, sus servicios mé dicos,

La Conferencia recomienda a los Miembros de la Organización que apliquen los siguientes principios, tan rá pidamente como las condiciones nacionales lo permitan, al desarrollar sus servicios de asistencia mé dica a fin de cumplir con el punto quinto de la Carta del Atlá ntico, y que informen a la Oficina Internacional del Trabajo, conforme lo solicite el Consejo de Administración, sobre las medidas dictadas para ponerlos en prá ctica:

I. Principios generales

Cará cter esencial del servicio de asistencia mé dica

1. El servicio de asistencia mé dica deberí a garantizar a las personas la asistencia que puedan prestar los miembros de la profesión mé dica y de las profesiones afines, así como cualquier otra asistencia que puedan prestar las instituciones mé dicas:

a) para restablecer la salud, prevenir el desarrollo posterior de la enfermedad y aliviar el sufrimiento, cuando las personas padezcan alguna enfermedad (aspecto curativo); y

b) para conservar y mejorar su salud (aspecto preventivo).

2. La legislación deberí a definir la naturaleza y extensión de la asistencia prestada por el servicio.

3. Las autoridades u organismos encargados de la administración del servicio deberí an prestar asistencia mé dica a sus beneficiarios recurriendo a los servicios de los miembros de la profesión mé dica y de las profesiones afines, y organizando servicios de asistencia mé dica en hospitales y otras instituciones mé dicas.

4. El costo del servicio deberí a financiarse colectivamente mediante pagos regulares y periódicos, en forma de cotizaciones al seguro social, en forma de impuestos, o en las dos formas simultá neamente.

Formas del servicio de asistencia mé dica

5. La asistencia mé dica deberí a prestarla un servicio de asistencia mé dica del seguro social, completado por la asistencia social, a fin de satisfacer las peticiones de las personas necesitadas que aú n no esté n comprendidas en el seguro social, o un servicio pú blico de asistencia mé dica.

6. Cuando la asistencia mé dica la preste un servicio del seguro social:

a) cada asegurado que cotice, el cónyuge e hijos a su cargo, las personas que, de acuerdo con la legislación nacional, vivan a sus expensas y cualquier otra persona asegurada, en virtud de cotizaciones pagadas en su nombre, deberí an tener derecho a la asistencia prestada por el servicio;

b) las personas que no esté n aú n aseguradas y cuyos recursos económicos no les permitan sufragarla deberí an recibirla de la asistencia social;

c) el servicio deberí a ser financiado con las cotizaciones de los asegurados y de sus empleadores y con subsidios de los fondos pú blicos.

7. Cuando la asistencia mé dica la preste un servicio pú blico de asistencia mé dica:

a) cada miembro de la comunidad deberí a tener derecho a la asistencia prestada por el servicio;

b) el servicio deberí a ser financiado con fondos que provengan de un impuesto progresivo creado especí ficamente para financiar los servicios mé dicos o todos los servicios de sanidad, o con fondos que provengan de los ingresos generales de la hacienda pú blica.

II. Campo de aplicación

Extensión del servicio a toda la población

8. El servicio de asistencia mé dica deberí a amparar a todos los miembros de la comunidad, desempeñen o no un trabajo lucrativo.

9. El seguro social estarí a indicado cuando el servicio se limite a una parte de la población o a una región especí fica, o cuando el ré gimen de cotización ya exista para otras ramas del seguro social y sea posible, ulteriormente, incluir en el ré gimen del seguro a toda la población o a la mayor parte de ella.

10. Serí a conveniente un servicio pú blico cuando el servicio deba amparar a toda la población y se desee unir la asistencia mé dica con los servicios generales de sanidad.

Administración de la asistencia mé dica por un servicio del seguro social

11. Cuando la asistencia mé dica la preste un servicio del seguro social, todos los miembros de la comunidad deberí an tener derecho a obtenerla por el hecho de estar asegurados, y hasta su inclusión en el campo de aplicación del seguro deberí an tener derecho a obtenerla, a expensas de la autoridad competente, si sus recursos económicos no les permiten sufragarla.

12. Todos los miembros adultos de la comunidad (es decir, todas las personas que no esté n incluidas en la definición de niños del pá rrafo 15) cuyos ingresos no sean inferiores al nivel de subsistencia deberí an cotizar al seguro. El cónyuge a cargo de un cotizante deberí a estar asegurado en virtud de la cotización de este ú ltimo, sin que ello implique un aumento en la cotización.

13. Aquellos otros adultos, comprendidos los indigentes, que prueben que sus entradas son inferiores al nivel de subsistencia deberí an tener derecho a la asistencia mé dica como asegurados, y la autoridad competente pagará la cotización en su nombre. La autoridad competente deberí a determinar, en cada paí s, el significado de la expresión nivel de subsistencia.

14. Durante todo el tiempo en el cual los adultos que no puedan pagar una cotización no esté n asegurados, en virtud del ré gimen previsto en el pá rrafo 13, deberí an recibir la asistencia mé dica a expensas de la autoridad competente.

15. Todos los niños (es decir, todas las personas que sean menores de diecisé is años o de una edad má s elevada que pueda haber sido determinada, o que dependan para su sustento normal de otras personas, mientras continú an su educación general o profesional) deberí an estar asegurados en virtud de las cotizaciones pagadas por los adultos asegurados, en general, o a nombre de é stos, sin que ello implique el pago por sus padres o tutores de una cotización adicional.

16. Durante todo el tiempo que los niños no esté n asegurados, de acuerdo con el ré gimen previsto en el pá rrafo 15, porque el servicio no ampare todaví a a toda la población, deberí an estar asegurados en virtud de las cotizaciones pagadas por su padre o su madre, o a nombre de é stos, sin que ello implique el pago de una cotización suplementaria a este respecto. Los niños a quienes no se les preste en esta forma la asistencia mé dica deberí an recibirla, cuando la necesitaren, a expensas de la autoridad competente.

17. Las personas aseguradas en un ré gimen de seguro social que conceda prestaciones en dinero o aquellas que reciban prestaciones de dicho ré gimen, así como las personas a su cargo tal como las define el pá rrafo 6, deberí an estar tambié n aseguradas, en virtud del servicio de asistencia mé dica.

Administración de la asistencia mé dica por un servicio pú blico de asistencia mé dica

18. Cuando la asistencia mé dica la preste un servicio pú blico de asistencia mé dica, su prestación no deberí a estar sujeta a ninguna condición de prueba, tal como el pago de impuestos o un examen de los medios económicos, y todos los miembros de la comunidad deberí an tener el mismo derecho a la asistencia ofrecida.

III. Administración de la asistencia mé dica y coordinación con los servicios generales de sanidad

Alcance del servicio

19. Los beneficiarios del servicio deberí an poder recibir, en cualquier momento, una asistencia completa de cará cter preventivo y curativo, organizada racionalmente y coordinada, siempre que fuere posible, con los servicios generales de sanidad.

Posibilidad permanente de recibir una asistencia completa

20. Todos los miembros de la comunidad cubiertos por el servicio deberí an poder recurrir, en cualquier momento y lugar, a una asistencia completa, preventiva y curativa, en las mismas condiciones y sin obstá culos o barreras de naturaleza administrativa, financiera, polí tica o de otra í ndole que no esté relacionada con el estado de salud.

21. La asistencia mé dica deberí a comprender el tratamiento mé dico general y el de especialistas a personas hospitalizadas o no (comprendida la asistencia en el domicilio del enfermo); el tratamiento odontológico; los servicios de enfermera en la casa, en el hospital o en otras instituciones mé dicas; la asistencia prestada, en la casa o en el hospital, por comadronas calificadas y otros servicios de maternidad; el mantenimiento en hospitales, casas de convalecencia, sanatorios y otras instituciones mé dicas; y, siempre que fuere posible, el material necesario para la asistencia dental, farmacé utica, mé dica o quirú rgica (incluso miembros artificiales); y la asistencia prestada por cualquier otra persona que pertenezca a una profesión que haya sido legalmente reconocida como profesión afí n.

22. Toda la asistencia mé dica y el material necesario deberí an estar disponibles, en cualquier momento y por una duración ilimitada, mientras los mismos sean necesarios, a reserva solamente de la opinión de los mé dicos y de las limitaciones lógicas que puedan ser impuestas por la organización té cnica del servicio.

23. Los beneficiarios deberí an poder obtener asistencia mé dica en los centros u oficinas de que disponga el servicio, cualquiera que fuere el lugar donde se hallaren al surgir la necesidad, ya fuere en su lugar de residencia o en otro lugar de la región donde el servicio esté disponible, sin que para ello se tenga en cuenta si está n o no afiliados a alguna institución especial de seguro, los atrasos en las cotizaciones u otros factores que no tengan relación con la salud.

24. La administración del servicio de asistencia mé dica deberí a estar unificada por regiones sanitarias suficientemente extensas para que puedan ofrecer un servicio completo, económicamente equilibrado, y deberí a estar vigilada por una autoridad central.

25. Cuando el servicio mé dico ampare sólo a una parte de la población o en el caso de que esté administrado por autoridades o instituciones de seguro de cará cter diverso, las autoridades e instituciones interesadas deberí an prestar la asistencia a sus beneficiarios recurriendo colectivamente a los servicios de los miembros de las profesiones mé dicas y de las profesiones afines, y estableciendo o manteniendo conjuntamente centros de sanidad y otras instituciones mé dicas, hasta que los diversos servicios se unifiquen regional y nacionalmente.

26. La administración del servicio deberí a tomar disposiciones para garantizar a los beneficiarios alojamiento y asistencia en un hospital u otra institución mé dica, ya sea por medio de contratos con instituciones mé dicas pú blicas o con instituciones mé dicas privadas que hayan sido reconocidas, ya sea mediante la creación y mantenimiento de instituciones apropiadas.

Organización racional del servicio de asistencia mé dica

27. Deberí a ponerse rá pidamente a disposición de los beneficiarios una asistencia mé dica óptima por intermedio de una organización que garantice la mayor economí a y eficacia posibles, mediante la asociación de conocimientos, personal, equipo y otros recursos del servicio y mediante un estrecho contacto y colaboración entre todos los miembros de la profesión mé dica y profesiones afines y los demá s organismos que colaboren en el servicio.

28. La participación, sin reserva, del mayor nú mero posible de miembros de la profesión mé dica y profesiones afines es indispensable para el é xito de cualquier servicio nacional de asistencia mé dica. El nú mero de mé dicos generales, especialistas, dentistas, enfermeras y miembros de otras profesiones que colaboren en el servicio deberí a adaptarse a la distribución y necesidades de los beneficiarios.

29. El mé dico general deberí a disponer de todos los elementos necesarios para el diagnóstico y el tratamiento, incluidos servicios de laboratorio y de rayos X; el mé dico general tambié n deberí a disponer de los consejos y asistencia de especialistas, de los servicios de enfermeros y de comadronas, de servicios farmacé uticos y otros servicios auxiliares, y de facilidades de hospitalización para que sus enfermos puedan utilizarlos.

30. El servicio deberí a disponer de un instrumental completo, té cnico y moderno, para todas las especialidades, comprendida la odontologí a; deberí a ofrecer a los especialistas todas las facilidades necesarias para trabajar en los hospitales o realizar investigaciones, y deberí a poner a su disposición todos los servicios auxiliares para los enfermos no hospitalizados, tal como el de enfermeros, por intermedio del mé dico general.

31. Para lograr estos fines, la asistencia mé dica deberí a prestarse, de preferencia, en forma de colaboración mé dica, en centros de diversa naturaleza que trabajen en relación efectiva con los hospitales.

32. Mientras se establece y se pone en prá ctica la colaboración mé dica en los centros mé dicos o sanitarios, convendrí a que los beneficiarios obtuviesen la asistencia de los miembros de la profesión mé dica y de las profesiones afines que trabajen en sus propios consultorios.

33. Cuando el servicio de asistencia mé dica ampare a la mayorí a de la población, serí a conveniente que la autoridad que administre el servicio en la región construyese, equipase y dirigiese centros mé dicos o sanitarios en alguna de las formas indicadas en los pá rrafos 34, 35 y 36.

34. Cuando no existan facilidades suficientes para obtener asistencia mé dica, o cuando al implantarse el servicio de asistencia mé dica exista un sistema regional de hospitales con dispensarios que dispongan de servicios para medicina general y asistencia por especialistas, serí a conveniente la organización de centros en los que los enfermos, esté n o no hospitalizados, puedan obtener toda clase de asistencia, o la conversión de los hospitales existentes en centros de dicha naturaleza, completados, en ambos casos, por puestos locales para medicina general y servicios auxiliares.

35. Cuando la prá ctica de la medicina general esté suficientemente desarrollada fuera del sistema de hospitales y los especialistas ejerzan principalmente como consultores mé dicos y trabajen en hospitales, serí a conveniente establecer centros mé dicos o sanitarios para consulta externa de medicina general y servicios auxiliares, y centralizar en los hospitales la asistencia que presten los especialistas a enfermos que esté n o no hospitalizados.

36. Cuando la prá ctica de la medicina general y especializada esté suficientemente desarrollada fuera del sistema de hospitales, serí a conveniente establecer centros mé dicos o sanitarios para el tratamiento de enfermos no hospitalizados, que comprenda la asistencia por mé dicos generales y especialistas y cualesquiera servicios auxiliares, mientras que los casos que necesiten asistencia en el hospital serí an enviados de los centros a los hospitales.

37. Cuando el servicio de asistencia mé dica no ampare a la mayorí a de la población, pero cuente con un nú mero considerable de beneficiarios, y las facilidades de hospitalización y demá s facilidades mé dicas sean inadecuadas, la institución de seguro, o las instituciones de seguro conjuntamente, deberí an establecer un sistema de centros mé dicos o sanitarios que preste toda clase de asistencia, incluso la hospitalización en los centros principales, y que, siempre que fuere posible, facilite los medios de transporte; dichos centros serí an necesarios especialmente si los asegurados estuviesen dispersos en regiones de población diseminada.

38. Cuando el campo de aplicación del servicio de asistencia mé dica sea demasiado limitado para que la organización de centros sanitarios completos destinados a los beneficiarios del servicio constituya un medio económico para satisfacer sus necesidades, y las posibilidades de obtener la asistencia de especialistas en la región sean insuficientes, serí a conveniente que la institución de seguro, o las instituciones de seguro conjuntamente, mantuvieran puestos donde los especialistas presten su asistencia a los beneficiarios, segú n las necesidades.

39. Cuando el servicio de asistencia mé dica ampare solamente a una parte relativamente pequeña de la población, concentrada en una región donde la prá ctica privada haya adquirido una extensión considerable, serí a conveniente que los miembros de la profesión mé dica y de las profesiones afines que participen en el servicio colaborasen en centros alquilados, instalados y administrados por ellos mismos, donde puedan recibir asistencia los beneficiarios del servicio y la clientela privada.

40. Cuando el servicio de asistencia mé dica ampare solamente a un pequeño nú mero de beneficiarios, que esté n dispersados en una región de población densa con facilidades adecuadas para la asistencia, y cuando no sea posible una colaboración mé dica voluntaria tal como está prevista en el pá rrafo 39, serí a conveniente que los beneficiarios recibieran asistencia de los miembros de la profesión mé dica y de las profesiones afines que practiquen en sus propios consultorios y en hospitales u otras instituciones mé dicas, ya sean pú blicas o privadas, si han sido reconocidas.

41. En las regiones de población dispersa y alejada de las ciudades deberí a organizarse un servicio de clí nicas ambulantes motorizadas o instaladas en aviones, equipadas para los primeros auxilios, tratamiento dental, examen general y, posiblemente, para otros servicios sanitarios, tales como los relacionados con las madres y niños lactantes, y deberí an tomarse disposiciones para el transporte gratuito de los enfermos a los centros y hospitales.

Colaboración con los servicios generales de sanidad

42. Los beneficiarios del servicio de asistencia mé dica deberí an tener a su disposición todos los servicios generales de sanidad, es decir, servicios que presten a toda la comunidad o a grupos de personas los medios para mejorar y proteger su salud antes de que é sta se vea amenazada o se vislumbre la amenaza, ya se presten estos servicios por miembros de la profesión mé dica y de las profesiones afines o en otra forma.

43. El servicio de asistencia mé dica deberí a prestarse en estrecha coordinación con los servicios generales de sanidad, ya sea por medio de una estrecha colaboración con instituciones de seguro social que presten asistencia mé dica y con autoridades encargadas de los servicios generales de sanidad, ya sea unificando los servicios de asistencia mé dica y los servicios generales de sanidad en un solo servicio pú blico.

44. Deberí a obtenerse la coordinación local de los servicios de asistencia mé dica y de los servicios generales de sanidad estableciendo centros para la asistencia mé dica en las cercaní as de las sedes centrales de los servicios generales de sanidad o estableciendo centros comunes que sirvan de sede a todos o a una parte de los servicios de sanidad.

45. Los miembros de la profesión mé dica y de las profesiones afines que colaboren con el servicio de asistencia mé dica y trabajen en centros mé dicos podrá n prestar la asistencia mé dica general que pueda ventajosamente ser ofrecida por el mismo personal, comprendida la inmunización, el examen mé dico de escolares y de otros grupos de personas, consejos a las mujeres embarazadas y a las mujeres con niños lactantes, así como otra asistencia de esta naturaleza.

IV. Calidad del servicio

Nivel óptimo del servicio de asistencia mé dica

46. El servicio de asistencia mé dica deberí a tender a la prestación de una asistencia de la mejor calidad posible, habida cuenta de la importancia de la relación entre el mé dico y el enfermo y de la responsabilidad personal y profesional del mé dico, y protegiendo al mismo tiempo tanto los intereses de los beneficiarios como los de las profesiones que colaboren con el servicio.

Elección del mé dico y continuidad de la asistencia

47. El beneficiario deberí a tener derecho a escoger, entre los mé dicos generales que esté n a disposición del servicio y a una distancia razonable de su domicilio, el mé dico por el que desee ser asistido de una manera permanente (mé dico de cabecera); tambié n deberí a tener el mismo derecho de elección para escoger el mé dico de sus hijos. Estos principios deberí an aplicarse igualmente a la elección de un dentista para la familia.

48. Cuando los centros sanitarios presten asistencia, el beneficiario deberí a tener derecho a escoger su centro a una distancia razonable de su domicilio, y a escoger, para é l y para sus hijos, un mé dico y un dentista entre los mé dicos generales y dentistas que trabajen en ese centro.

49. A falta de un centro sanitario, el beneficiario deberí a tener derecho a escoger su mé dico de cabecera y el dentista de la familia entre los mé dicos generales y los dentistas que colaboren en el servicio y cuyos consultorios se encuentren a una distancia razonable de su domicilio.

50. El beneficiario que pueda alegar una razón justificada, tal como la falta de contacto personal y confianza, deberí a tener derecho a cambiar de mé dico de cabecera y de dentista de familia, a condición de que lo avise previamente dentro del plazo previsto a estos efectos.

51. El mé dico general o el dentista que colabore en el servicio deberí a tener derecho a aceptar o rechazar el cliente, pero no podrá aceptar un nú mero de clientes que exceda de un má ximo prescrito, ni rechazar clientes que no lo hayan elegido sino que le hayan sido asignados por el servicio, de acuerdo con mé todos imparciales.

52. La asistencia prestada por especialistas y miembros de profesiones afines, tales como enfermeras, comadronas, masajistas y otros, deberí a proporcionarse a instancias y por intermedio del mé dico de cabecera, que deberí a tener en cuenta, siempre que ello fuere posible, las preferencias del enfermo, si hay varios miembros de la especialidad o de la profesión que trabajen en el centro sanitario o a una distancia razonable del domicilio del enfermo. Deberí an tomarse disposiciones especiales a fin de prestar la asistencia de especialistas solicitados por el enfermo, aunque ello no haya sido aconsejado por el mé dico de cabecera.

53. Deberí a prestarse asistencia en el hospital cuando lo aconseje el mé dico de cabecera del beneficiario o el especialista que haya sido consultado.

54. Si la asistencia en el hospital se presta en el centro donde trabaja el mé dico de cabecera o el especialista, el enfermo deberí a ser preferentemente asistido en el hospital por su propio mé dico de cabecera o por el especialista que le haya sido asignado.

55. Siempre que ello fuere posible, deberí an tomarse las medidas necesarias para que pueda consultarse, previa cita, a los mé dicos generales o a los dentistas que trabajen en el centro sanitario.

Condiciones de trabajo y situación de los mé dicos y de los miembros de profesiones afines

56. Las condiciones de trabajo de los mé dicos y de los miembros de las profesiones afines que colaboren con el servicio deberí an tender a alejar del mé dico u otro colaborador cualquier preocupación de orden económico, garantizá ndole ingresos suficientes durante los perí odos de trabajo, vacaciones, enfermedad y retiro y garantizando pensiones a sus supervivientes, sin limitar su discreción profesional, a no ser mediante la vigilancia profesional, y no deberí an desviar la atención del mé dico u otro colaborador del mantenimiento y mejorí a de la salud de los beneficiarios.

57. Serí a conveniente que los mé dicos generales, especialistas y dentistas que trabajen para un servicio de asistencia mé dica que ampare a toda o a una gran parte de la población fuesen empleados con sueldo por tiempo completo, con garantí as suficientes en materia de vacaciones, enfermedad, vejez y muerte, a condición de que la profesión mé dica esté adecuadamente representada en el organismo que los emplee.

58. Cuando los mé dicos generales o los dentistas dedicados a la prá ctica privada de la profesión trabajen parte del tiempo en un servicio de asistencia mé dica que cuente con un nú mero suficientemente elevado de beneficiarios, serí a conveniente pagarles una suma bá sica fija, por año, otorgá ndoles garantí as suficientes en materia de vacaciones, enfermedad, vejez y muerte. Esta suma podrá aumentarse, si se considerase conveniente, con honorarios fijos por cada persona o familia confiada a la asistencia del mé dico o dentista.

59. Cuando los especialistas dedicados a la prá ctica privada de la profesión trabajen parte del tiempo en un servicio de asistencia mé dica que cuente con un nú mero considerable de beneficiarios, serí a conveniente remunerarlos con una suma proporcional a las horas de trabajo consagradas al servicio (salario por tiempo parcial).

60. Cuando los mé dicos y dentistas dedicados a la prá ctica privada de la profesión trabajen parte del tiempo en un servicio de asistencia mé dica que no cuente sino con un pequeño nú mero de beneficiarios, serí a conveniente remunerarlos por los servicios efectuados.

61. Serí a conveniente que entre los miembros de las profesiones afines que colaboren con el servicio, aquellos que presten asistencia personal fuesen empleados con salarios por tiempo completo y con garantí as suficientes en materia de vacaciones, enfermedad, vejez y muerte; los miembros de estas profesiones que proporcionen material deberí an ser pagados de acuerdo con tarifas adecuadas.

62. Las condiciones de trabajo de los miembros de la profesión mé dica o de las profesiones afines que colaboren con el servicio deberí an ser uniformes en todo el paí s o para todas las categorí as de la población amparada por el servicio, y deberí an fijarse de acuerdo con los órganos representativos de la profesión respectiva, a reserva sólo de aquellas variaciones que puedan ser necesarias como consecuencia de la diversidad de las exigencias del servicio.

63. Deberí a preverse un procedimiento para permitir que los beneficiarios presenten reclamaciones acerca de la asistencia recibida y que los miembros de la profesión mé dica o de las profesiones afines presenten reclamaciones acerca de sus relaciones con la administración del servicio, ante el organismo de arbitraje pertinente, y en condiciones que presenten garantí as adecuadas para todas las partes interesadas.

64. El sistema de vigilancia profesional de los miembros de la profesión mé dica y de las profesiones afines que trabajen en el servicio deberí a estar confiado a organismos compuestos especialmente de representantes de las profesiones que colaboren con el servicio, y prever medidas disciplinarias.

65. Cuando, durante el procedimiento referido en el pá rrafo 63, un miembro de la profesión mé dica o de las profesiones afines que trabaje en el servicio sea acusado de una falta en el cumplimiento de sus deberes profesionales, el organismo de arbitraje deberí a someter la cuestión al organismo de vigilancia mencionado en el pá rrafo 64.

Nivel de pericia y de conocimientos profesionales

66. Deberí a alcanzarse y mantenerse el nivel má s elevado posible de conocimientos y pericia en las profesiones que colaboren en el servicio, y para ello se deberí a exigir un nivel elevado de formación cientí fica y prá ctica, y se deberí a velar para que aquellos que colaboren en el servicio mantengan y aumenten su pericia y sus conocimientos.

67. Los mé dicos que participen en el servicio deberí an tener una formación adecuada en materia de medicina social.

68. Los estudiantes de medicina y de odontologí a, antes de ser admitidos en el servicio de asistencia mé dica como mé dicos o dentistas plenamente calificados, deberí an trabajar como ayudantes en los centros sanitarios o en los consultorios, especialmente en regiones rurales, bajo la vigilancia y la dirección de profesionales experimentados.

69. Entre las calificaciones para ingresar en el servicio deberí a exigirse un perí odo mí nimo de internado en un hospital.

70. Deberí a exigirse a los mé dicos que deseen ingresar en el servicio como especialistas un certificado de competencia en su especialización.

71. Deberí a exigirse que los mé dicos y dentistas que colaboren en el servicio participen periódicamente en cursos postuniversitarios organizados o aprobados a estos efectos.

72. Deberí an prescribirse perí odos adecuados de aprendizaje en hospitales o en centros sanitarios para los miembros de las profesiones afines, y deberí an organizarse cursos postuniversitarios de asistencia periódica obligatoria para aquellos que colaboren en el servicio.

73. Los hospitales administrados por el servicio mé dico o aquellos que colaboren en este servicio deberí an proporcionar facilidades que permitan la investigación cientí fica y la enseñanza mé dica.

74. La formación profesional y la investigación cientí fica deberí an ser promovidas con la ayuda financiera del Estado y con la legislación.

V. Financiamiento del servicio de asistencia mé dica

Constitución de los fondos para financiar un servicio de seguro social

75. La cotización má xima que se perciba de una persona asegurada no deberí a exceder de aquella proporción de sus ingresos que, aplicada a los ingresos de todos los asegurados, arroje un ingreso igual al costo total probable del servicio de asistencia mé dica, comprendido el costo de la asistencia prestada a las personas que viven a su cargo, tal como las define el pá rrafo 6.

76. La cotización pagada por cada asegurado deberí a representar la fracción de la cotización má xima que pueda pagar sin que ello constituya para é l una carga excesiva.

77. Los empleadores deberí an estar obligados a pagar una parte de la cotización má xima en nombre de las personas que empleen.

78. No deberí a exigirse el pago de la cotización del seguro a las personas cuyos ingresos no excedan del nivel de subsistencia. La autoridad deberí a pagar cotizaciones equitativas en nombre de estas personas; sin embargo, en el caso de personas empleadas, dichas cotizaciones podrí an ser pagadas, total o parcialmente, por sus empleadores.

79. La parte del costo del servicio de asistencia mé dica que no esté cubierta por las cotizaciones deberí a cargarse a los contribuyentes.

80. Las cotizaciones de los asalariados podrí an ser recaudadas por sus empleadores.

81. Cuando se exija a una clase cualquiera de trabajadores independientes la afiliación a una asociación profesional o la obtención de un permiso, la asociación o la autoridad que conceda el permiso podrí an encargarse de la recaudación de las cotizaciones de dichas personas.

82. La autoridad nacional o local podrí a estar encargada de la recaudación de las cotizaciones de los trabajadores independientes inscritos a los efectos fiscales.

83. Cuando se halle en vigor un ré gimen de seguro social que otorgue prestaciones en efectivo, serí a conveniente recaudar junto con las cotizaciones para dicho ré gimen las cotizaciones para el servicio de asistencia mé dica.

Constitución de fondos para financiar un servicio pú blico de asistencia mé dica 84. El costo del servicio de asistencia mé dica deberí a financiarse con fondos pú blicos.

85. Cuando toda la población esté amparada por el servicio de asistencia mé dica y todos los servicios de sanidad esté n bajo una sola administración central y regional, serí a conveniente que el servicio de asistencia mé dica estuviese financiado con los ingresos generales del Estado.

86. Cuando la administración del servicio de asistencia mé dica esté separada de la de los servicios generales de sanidad, serí a conveniente financiar el servicio de asistencia mé dica con un impuesto especial.

87. El impuesto especial deberí a pagarse a un fondo separado reservado exclusivamente para financiar el servicio de asistencia mé dica.

88. El impuesto especial deberí a ser progresivo y estar calculado de suerte que se obtengan ingresos suficientes para financiar el servicio de asistencia mé dica.

89. No deberí a exigirse el pago del impuesto especial a las personas cuyos ingresos no excedan del nivel mí nimo de subsistencia.

90. Serí a conveniente que el impuesto especial fuese percibido por las autoridades nacionales que recaudan el impuesto a la renta o, cuando no exista dicho impuesto, por las autoridades encargadas de la recaudación de los impuestos locales.

Constitución de capitales

91. Ademá s de proveer los recursos normales para financiar el servicio de asistencia mé dica, deberí an tomarse medidas para utilizar el patrimonio de las instituciones de seguro social, o fondos que provengan de otras fuentes, para financiar los gastos extraordinarios que fueren necesarios para ampliar y mejorar el servicio, especialmente para la construcción o instalación de hospitales y de centros mé dicos.

VI. Control y administración del servicio de asistencia mé dica

Unidad de los servicios de sanidad y control democrá tico

92. Todos los servicios de asistencia mé dica y los servicios generales de sanidad deberí an estar controlados por un organismo central, y deberí an estar administrados por regiones sanitarias, tal como se definen en el pá rrafo 24; los beneficiarios del servicio de asistencia mé dica, así como la profesión mé dica y las profesiones afines interesadas, deberí an participar en la administración del servicio.

Unificación de la administración central

93. Deberí a incumbir a una autoridad central que represente a la comunidad la formulación de los principios generales de acción sanitaria, y la vigilancia de todos los servicios de asistencia mé dica y de los servicios generales de sanidad, a reserva de que consulte y colabore con la profesión mé dica y las profesiones afines sobre todas las cuestiones profesionales, y a reserva tambié n de que consulte a los beneficiarios sobre las cuestiones referentes a los principios generales y a la administración que interesen al servicio de asistencia mé dica.

94. Cuando el servicio de asistencia mé dica ampare a toda la población o a la mayor parte de ella, y todos los servicios de asistencia mé dica y servicios generales de sanidad esté n bajo la vigilancia o la administración de un organismo central del gobierno, podrá considerarse que los beneficiarios está n representados por el jefe principal de este organismo.

95. El organismo central del gobierno deberí a mantenerse en contacto con los beneficiarios por intermedio de organismos consultivos en los que participen representantes de organizaciones de las diferentes categorí as de la población, tales como los sindicatos, asociaciones de empleadores, cá maras de comercio, asociaciones de agricultores, asociaciones femeninas y sociedades de protección a la infancia.

96. Representantes de los asegurados deberí an participar en el control, de preferencia por intermedio de comité s consultivos, respecto a todas las cuestiones de principios que esté n relacionadas con el servicio de asistencia mé dica, cuando este servicio ampare sólo a una parte de la población y el organismo central del gobierno vigile todos los servicios de asistencia mé dica y los servicios generales de sanidad.

97. El organismo central del gobierno deberí a consultar a los representantes de la profesión mé dica y de las profesiones afines, de preferencia por intermedio de comité s consultivos, sobre cualquier cuestión relacionada con las condiciones de trabajo de los miembros de las profesiones que colaboren en el servicio, así como sobre cualesquiera otras cuestiones de orden esencialmente profesional, especialmente sobre la elaboración de la legislación referente al cará cter, extensión y administración de la asistencia prestada por el servicio.

98. Cuando el servicio de asistencia mé dica ampare a toda la población, o a la mayor parte de ella, y todos los servicios de asistencia mé dica y servicios generales de sanidad esté n vigilados o administrados por un organismo representativo, los beneficiarios deberí an estar representados directa o indirectamente en dicho organismo.

99. En este caso, la profesión mé dica y las profesiones afines deberí an estar representadas en el organismo representativo, de preferencia con un nú mero igual de representantes que los beneficiarios o el gobierno; los miembros profesionales del organismo deberí an ser elegidos por su profesión respectiva o ser propuestos por los representantes de las profesiones y nombrados por el gobierno central.

100. Cuando el servicio de asistencia mé dica ampare a toda la población o a la mayor parte de ella, y todos los servicios de asistencia mé dica y servicios generales de sanidad esté n vigilados o administrados por una corporación de expertos establecida por la legislación o en virtud de un estatuto, serí a conveniente que esta corporación estuviese compuesta por un nú mero igual de miembros de la profesión mé dica y de las profesiones afines, por una parte, y de personas calificadas que no pertenezcan a estas profesiones, por otra.

101. Los miembros profesionales de la corporación de expertos deberí an ser nombrados por el gobierno central entre los candidatos propuestos por los representantes de la profesión mé dica y las profesiones afines.

102. El organismo representativo ejecutivo de la corporación de expertos que vigile y administre los servicios de asistencia mé dica y los servicios generales de sanidad deberí a ser responsable ante el gobierno de su programa de acción general.

103. En el caso de un Estado federal, la autoridad central prevista en los pá rrafos precedentes podrá ser la autoridad federal o la de un Estado.

Administración local

104. La administración local de los servicios de asistencia mé dica y de los servicios generales de sanidad deberí a estar unificada o coordinada por regiones constituidas a estos efectos de acuerdo con las indicaciones del pá rrafo 24, y el servicio de asistencia mé dica de la región deberí a estar administrado por organismos que representen a los beneficiarios y que comprendan representates del servicio mé dico y de las profesiones afines, o que sean asistidos por dichos representantes, o bien en consulta con tales organismos, a fin de proteger los intereses de los beneficiarios y de las profesiones y garantizar la eficacia té cnica del servicio y la libertad profesional de los mé dicos que en é l colaboren.

105. Cuando el servicio de asistencia mé dica ampare a toda la población o a la mayor parte de ella en la región sanitaria, serí a conveniente que todos los servicios de asistencia mé dica y los servicios generales de sanidad estuvieran administrados adecuadamente por una sola autoridad regional.

106. Cuando, en este caso, la autoridad administrativa regional administre los servicios de sanidad en nombre de los beneficiarios, las profesiones mé dicas y afines deberí an participar en la administración del servicio de asistencia mé dica, de preferencia por intermedio de comité s elegidos por las profesiones, o nombrados por la autoridad administrativa regional o por el gobierno central entre los candidatos propuestos por las profesiones interesadas.

107. Cuando el servicio de asistencia mé dica ampare a toda la población o a la mayor parte de ella en la región sanitaria y este servicio esté administrado por un organismo representativo, la autoridad administrativa regional, en nombre de los beneficiarios, y las profesiones mé dicas y afines de la región deberí an estar representadas en este organismo, de preferencia en nú mero igual.

108. Cuando el servicio de asistencia mé dica esté administrado por oficinas regionales o por funcionarios regionales de la autoridad central, las profesiones mé dicas y afines de la región deberí an participar en la administración, de preferencia por intermedio de comité s té cnicos ejecutivos elegidos o nombrados de acuerdo con las disposiciones del pá rrafo 106.

109. Cualquiera que sea la forma de la administración regional, la autoridad que administre el servicio de asistencia mé dica deberí a permanecer en contacto permanente con los beneficiarios de la región por intermedio de organismos consultivos, elegidos por organismos representativos de las diversas categorí as de la población, de acuerdo con las disposiciones del pá rrafo 95.

110. Cuando el servicio de asistencia mé dica del seguro social no ampare sino a parte de la población, serí a conveniente que la administración de este servicio se confiara a un organismo representativo ejecutivo que fuera responsable ante el gobierno y comprendiera representantes de los beneficiarios y de las profesiones mé dicas y afines que colaboren con el servicio, y de los empleadores.

Administración de las unidades sanitarias

111. Las unidades sanitarias que pertenezcan al servicio mé dico y cuyas funciones esté n garantizadas por dicho servicio, tales como centros mé dicos, sanitarios u hospitales, deberí an estar administradas segú n un sistema de control democrá tico que incluya la participación de la profesión mé dica, entera o principalmente por mé dicos, elegidos por los miembros de la profesión mé dica y de las profesiones afines, que colaboren con el servicio, o nombrados previa consulta a estos miembros, en colaboración con todos los mé dicos que trabajen en la unidad.

Derecho de apelación

112. Los beneficiarios, o los miembros de la profesión mé dica y de las profesiones afines que hayan presentado reclamaciones ante el organismo de arbitraje mencionado en el pá rrafo 63, deberí an tener derecho a apelar de la decisión de este organismo ante un tribunal independiente.

113. Los miembros de la profesión mé dica y de las profesiones afines contra los que haya tomado medidas disciplinarias el organismo de vigilancia mencionado en el pá rrafo 64 deberí an tener derecho a apelar de las decisiones de este organismo ante un tribunal independiente.

114. Cuando el organismo de vigilancia mencionado en el pá rrafo 64 no tome medidas disciplinarias en el caso que le haya sido sometido por el organismo de arbitraje, de conformidad con el pá rrafo 65, las partes interesadas deberí an tener derecho a apelar ante un tribunal independiente.

Cross references


CONVENIOS:C017 Convenio sobre la indemnización por accidentes del trabajo, 1925

CONVENIOS:C024 Convenio sobre el seguro de enfermedad (industria), 1927

CONVENIOS:C025 Convenio sobre el seguro de enfermedad (agricultura), 1927


Fuente: Organización Internacional del Trabajo








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